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Los postulados de un sabio alquimista
Cuando
el universo artístico en general y el de la pintura en particular se
nos presenta con esas patentes arbitrariedades, con esos desajustes estructurales
y con esos planteamientos descarnados tan faltos de sustancia creativa, cuando
la realidad artística está tan falta de un profundo cuestionamiento
y cuando se echan en falta tantos elementales postulados, debemos conformarnos
con las mínimas ínsulas que existen en medio de ese océano
inconmensurable donde todo pasa por un igualatorio y lineal discurrir con
muy pocos registros de absoluta verdad.
Gobernador plenipotenciario de esa solitaria parcela creativa entre la inmensidad
de lo mediocre – si no vulgar – es Francisco Peinado, pintor malagueño
que ejerce, en silencio y solitario, una de las más preclaras funciones
creativas que existen en la actualidad. Peinado es artista con mayúsculas,
creador nato que lleva toda una vida realizando muchos y variados esquemas
pictóricos de la máxima pureza.
En el manifiesto adocenamiento existente, con la pintura perdida, entre otras
cosas porque, durante muchos años, el ejercicio pictórico ha
dejado de interesar y muchos fueron los que desertaron de sus cuarteles para
afrontar modos y medios menos interesantes y de mayor facilidad y con los
pintores afrontando una realidad para la que no estaban mínimamente
preparados, Francisco Peinado aparece como uno de los grandes pintores que
han existido en España desde la segunda mitad del siglo pasado. Sus
muchas circunstancias artísticas han pasado por toda una variada galería
de supuestos ejercidos con autoridad y dejando entrever una personal visión
artística y un desarrollo creativo particular donde la comprometida
realidad existencial del autor se hace más que presente. Hemos observado
– gozado en toda su plenitud, diría yo más bien –
a lo largo de la comprometida historia de este artista sus complejos creativos
inundados de propias referencias, con el autor marcando una realidad que surge
espontánea, imprevista, una veces con fuerte carga jocosa, otras desarrollando
extremos llenos fuerza incontenida y siempre testimoniando episodios de justa
fuerza creativa.
Para su exposición jerezana, Paco Peinado nos conduce por una pintura
claramente marcada por esos desarrollos que provienen de una mente llena de
interés, con referencias oníricas, personales y todo tipo de
registros salidos de un apasionado creador en absoluto ejercicio de una pintura
llena del más determinante sentido.
Estas obras que provienen del mágico astillero que es la mente preclara
de un artista con sabios encuadres de fortaleza plástica, nos sitúan
por todos los ambientes de un Peinado a contracorriente, generador de actitudes
formales, con suficientes recursos para ir hilvanando unas maneras que surgen
espontáneas desde lo más profundo de su mente provocadora y
capaces de positivar los registros de un desarrollo mínimamente presentido
y sabiamente desarrollado.
Unas escuetas líneas estructurales, unos simples gestos de vehemencia
expresiva, unos pocos sintagmas pictóricos, perfectamente definidos
en un argumento de emoción, nos conduce por una pintura suprema donde
nada es verdad y todo es parte imposible de una posición justamente
definida desde una pintura relatada desde los postulados eternos de un sabio
alquimista.
Bernardo
Palomo
FRANCISCO
PEINADO |